En este mes celebramos el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, una fecha muy significativa para mí, ya que soy maestra de educación especial y desde 2010 he tenido el privilegio de trabajar en este maravilloso ámbito.
Cuando estudiaba la carrera, tenía una maestra que solía decirme que no iba a poder ejercer, porque era demasiado sensible y me encariñaba mucho con los niños. En ese momento, esas palabras me desanimaron profundamente; llegué a creer que quizá no sería capaz de desempeñar la profesión que había elegido con tanto entusiasmo.
Sin embargo, con el tiempo descubrí que esa sensibilidad, lejos de ser una debilidad, se convirtió en mi mayor fortaleza. Me permitió crear vínculos genuinos y profundos con mis alumnos, comprenderlos desde el corazón y acompañarlos de una manera más cercana. Hoy puedo decir con orgullo que mis alumnos, han sido mis mejores maestros y me han enseñado lecciones que jamás olvidaré.
Aunque he dedicado mi vida a este trabajo, siempre he visto la inclusión como un desafío, porque como sociedad aún nos falta mucho para abrirnos plenamente a las diferencias que enriquecen nuestra convivencia. Vivimos en un ritmo acelerado, inmersos en nuestras propias preocupaciones y a veces olvidamos mirar a los demás con empatía y comprensión.
La realidad es que todos tenemos necesidades únicas. Por ejemplo, yo uso lentes y depender de ellos me recuerda que todos, en algún momento, necesitamos apoyos para realizar nuestras actividades diarias. La diversidad no solo es natural, sino que también es una fuente de aprendizaje y riqueza. Sin embargo, a veces dejamos escapar esa riqueza por miedo, prejuicios o desconocimiento.
La inclusión no es solo una meta, sino una actitud que se refleja en nuestras acciones diarias: ofrecer apoyo cuando alguien lo necesita, escuchar con empatía y contribuir a derribar barreras, ya sean físicas, emocionales o ideológicas. Es reconocer que detrás de cada necesidad hay una persona con sueños, talentos y mucho que aportar.
La discapacidad no define a las personas; lo importante es cómo las valoramos y cómo colaboramos a que ocupen el lugar, que, por derecho, siempre les ha pertenecido en nuestra sociedad. Te invito a mirar más allá de las diferencias y a descubrir la riqueza que la diversidad nos ofrece. Cada pequeño gesto cuenta y juntos podemos construir una sociedad más inclusiva, donde todos tengamos las mismas oportunidades.
—Carmen Sanabria RJM
