Triduo a la Sma. Virgen de Guadalupe. 2020

por | Dic 9, 2020

MONICION:

Santa María, que bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe eres invocada como Madre por los hombres y mujeres del pueblo mexicano, de América Latina y del mundo alentados por el amor que nos inspiras, ponemos nuevamente en tus manos maternales nuestras vidas. La situación dolorosa provocada por la Pandemia, con grandes pérdidas, dolor, soledad… Te pedimos por todo el personal médico, reina en nuestros corazones y en los corazones de todos los que sufren… Con gran esperanza, a ti acudimos y en ti confiamos.

PRIMER DIA

Del Nican Mopohua:

Diez años después de la conquista de México, el día 9 de diciembre de 1531, Juan Diego iba rumbo al Convento de Tlaltelolco para oír misa. Al amanecer llegó al pie del Tepeyac. Y oyó una dulce voz procedente de lo alto de la colina, llamándole: “Juanito; Juan Dieguito. Juan subió presurosamente y al llegar a la cumbre vio a la Santísima Virgen María en medio de un arco iris, ataviada con esplendor celestial. Su hermosura y mirada bondadosa llenaron su corazón de gozo infinito mientras escuchó las palabras tiernas que ella le dirigió a él.

Le dijo que ella era la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios por quien se vive. Y Le reveló que su deseo tener un templo allá en el llano donde, como madre piadosa, mostraría todo su amor y misericordia a él y a los suyos y a cuantos necesitasen de su amparo. Y para realizar lo que mi amor pretende, irás a la casa del Obispo de México y le dirás que yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo; que aquí en el llano me edifique un templo. Le contarás cuanto has visto y admirado, y lo que has oído. Ten por seguro que le agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás que yo te recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Ya has oído mi mandato, hijo mío, el más pequeño: anda y pon todo tu esfuerzo”. Juan se inclinó ante ella y le dijo: “Señora mía: ya voy a cumplir tu mandato; me despido de ti, yo, tu humilde siervo”.

Oración: María, Madre de todos los hombres, a Ti confiamos la causa de la vida: mira, Madre, el número inmenso de niños a quienes se impide nacer, de pobres a quienes se hace difícil vivir, y ahora por falta de trabajo; de hombres y mujeres víctimas de violencia inhumana, de ancianos y enfermos muertos a causa de la pandemia y de la indiferencia. Haz que quienes creemos en tu Hijo sepamos anunciar con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la vida. Alcánzanos la gracia de acogerlo como don siempre nuevo, la alegría de celebrarlo con gratitud durante toda nuestra existencia, la valentía de testimoniarlo con solícita constancia, para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad, cuando salgamos de esta situación tan dolorosa, la civilización de la verdad y del amor, para alabanza y gloria de Dios Creador y amante de la vida. Amén.

SEGUNDO DIA

(La misma Introducción que el primer día)

Del Nican Mopohua

El día doce de diciembre, Juan Bernardino estaba moribundo y Juan Diego se apresuró a traerle un sacerdote de Tlaltelolco. Llegó a la ladera del cerro y optó ir por el lado oriente para evitar que la Virgen Santísima le viera pasar. Primero quería atender a su tío. Con grande sorpresa la vio bajar y salir a su encuentro. Juan le dio su disculpa por no haber venido el día anterior. Después de oír las palabras de Juan Diego, ella le respondió: “Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón, no temas esa ni ninguna otra enfermedad o angustia. ¿Acaso no estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy tu salud? ¿Qué más te falta? No te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella; está seguro de que ya sanó”.Cuando Juan Diego oyó estas palabras se sintió contento. Le rogó que le despachara a ver al Señor Obispo para llevarle alguna señal y prueba a fin de que le creyera. Ella le dijo:“Sube, hijo mío el más pequeño, a la cumbre donde me viste y te di órdenes, hallarás que hay diferentes flores; córtalas, recógelas y en seguida baja y tráelas a mi presencia”.

Oración: Juan Diego, te pedimos que acompañes a la Iglesia, para que cada día sea más evangelizadora y misionera. Alienta a los Obispos, sostén a los sacerdotes, suscita nuevas vocaciones, ayuda a todos los que entregan su vida a la causa de Cristo y a la extensión de su Reino. ¡Dichoso Juan Diego, hombre fiel y verdadero! Te encomendamos a nuestros hermanos y hermanas que sufren por la pandemia. Bendice a las familias, fortalece a los esposos en su matrimonio, apoya los desvelos de los padres por educar  a sus hijos. Mira propicio de cuantos padecen pobreza, soledad, marginación o ignorancia. Que todos, gobernantes y nosotros, actuemos siempre según las exigencias de la justicia y el respeto de la dignidad de cada hombre, para que así se consolide la paz. ¡Juan Diego, “águila que habla”! Enséñanos el camino que lleva a la Virgen Morena del Tepeyac, para que ella nos reciba en lo íntimo de su corazón, pues ella es la Madre amorosa y compasiva que nos guía hasta el verdadero Dios. Amén

TERCER DIA

(La misma Introducción que el primer día)

Del Nican Mopohua.

Juan Diego subió y cuando llegó a la cumbre, se asombró mucho de que hubieran brotado tan hermosas flores. En sus corolas fragantes, el rocío de la noche semejaba perlas preciosas. Presto empezó a córtalas, las echó en su regazo y las llevó ante la Virgen. Ella tomó las flores en sus manos, las arregló en la tilma y dijo: “Hijo mío el más pequeño, aquí tienes la señal que debes llevar al Señor Obispo. Le dirás en mi nombre que vea en ella mi voluntad y que él tiene que cumplirla. Tú eres mi embajador muy digno de confianza. Rigurosamente te ordeno que sólo delante del Obispo despliegues tu tilma y descubras lo que llevas”.

Cuando Juan Diego estuvo ante el Obispo Fray Juan de Zumárraga, y le contó los detalles de la cuarta aparición de la Santísima Virgen, abrió su tilma para mostrarle las flores, las cuales cayeron al suelo. En este instante, ante la inmensa sorpresa del Señor Obispo y sus compañeros, apareció la imagen de la Santísima Virgen María maravillosamente pintada con los más hermosos colores sobre la burda tela de su manto.

Oración: Madre  de Guadalupe, vengo hasta ti, la más amada por Dios, la llena de gracia, a buscar amparo bajo tu protección materna e implorar, con confianza, tu amorosa intercesión.

Al igual que san Juan Diego quiero acogerte, Madre, para aprender de ti a ser como tu Hijo. Haz que la semilla de la gracia crezca en nuestros corazones y con Ella nuestros corazones estén abiertos para recibirte.

¡Ven, Señor Jesús! Amén

 

 

 

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