“He aquí este Corazón…”: Una herencia viva en Jesús-María

por | Jun 15, 2025

Hace 350 años, en la pequeña localidad francesa de Paray-le-Monial, una humilde religiosa de la Visitación —Santa Margarita María Alacoque— recibió una revelación que marcaría para siempre la espiritualidad de la Iglesia: Jesús le mostró su Corazón, rodeado de llamas, coronado de espinas, traspasado y vivo. Le dijo con ternura y dolor:
“He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres… y en cambio no recibe más que ingratitudes.”

Aquel mensaje no solo fue un llamado a la devoción: fue una invitación urgente a amar y reparar, a consolar al Amor no amado. En esas palabras ardientes, muchos y muchas encontraron una misión. Y entre ellos, más de un siglo después, también una mujer llamada Claudina Thévenet.

Una espiritualidad que late con el Corazón de Jesús

Cuando Claudina fue testigo de la ejecución de sus hermanos durante la Revolución Francesa, no supo entonces que aquella herida sería el umbral de una vida transformada por el perdón y la misericordia. Poco a poco, fue descubriendo que su vocación no era la del resentimiento, sino la de la reparación. No con castigos ni penitencias, sino con bondad, ternura y educación. Su respuesta fue entregarse al Corazón de Cristo y poner en pie una pequeña obra al servicio de las niñas más vulnerables. Así nació la Congregación que con el tiempo llevaría el nombre de Religiosas de Jesús-María, aunque en sus primeros años se le conoció  como Religiosas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María y que antes fue una organización de laicas en una parroquia que se denominó Asociación del Sagrado Corazón y bajo la protección de la Santísima e Inmaculada Virgen María y de San Luis Gonzaga.

No es un detalle menor: el Corazón de Jesús no era solo una devoción más, sino el centro espiritual y misionero de esta nueva familia religiosa. Era desde ese Corazón que se comprendía el mundo, se educaba, se perdonaba, se anunciaba. En su Fórmula primitiva de votos de 1823, las primeras hermanas escribían:

“…No queriendo vivir sino para vos, y depender absolutamente del designio de vuestra gracia, en presencia del corazón adorable de Jesucristo, mi divino esposo, y del corazón inmaculado de María, mi tierna madre, y de toda la corte celestial…”

Un carisma que nace del costado abierto

En estos 350 años desde Paray-le-Monial, la historia de Jesús-María confirma que el Corazón de Cristo sigue siendo fuente y destino. Las heridas del mundo —como las de Claudina— no cierran con olvido, sino con el amor apasionado de Dios. Allí donde hay desprecio, abandono o indiferencia, el carisma invita a responder con presencia, consuelo y educación transformadora.

Hoy, cuando celebramos este aniversario tan significativo, no se trata solo de mirar al pasado. Se trata de recordar que el Corazón traspasado de Jesús sigue latiendo en la historia, y nos sigue llamando a amar y reparar. En la vida de cada hermana, en cada obra educativa, en cada centro comunitario, comunidad, en cada gesto de bondad que vence al odio.

 

Una herencia viva

El Sagrado Corazón de Jesús no es para las Religiosas de Jesús-María una imagen piadosa: es la raíz de su espiritualidad, el fuego de su misión y el impulso de su ternura. Es también una promesa: la de que el amor es más fuerte que el mal, y que la bondad —como creyó Claudina— puede cambiar el mundo, un corazón a la vez.

 

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